Un coche que hace «brum, brum». Un muñeco que tiene hambre. Una torre que se cae. Una caja de cartón que se convierte en una casa.

Mientras juega, un niño no solo se divierte: escucha palabras, señala, pide, imita, espera su turno y descubre nuevas formas de comunicarse.

Por eso, el juego puede ser uno de los mejores contextos cotidianos para estimular el lenguaje infantil. Pero hay algo importante: no se trata simplemente de jugar más, sino de cómo jugamos con ellos.

¿Por qué el juego favorece la comunicación?

Durante el juego, el niño tiene motivos reales para comunicarse: quiere otro coche, necesita ayuda para abrir una caja, quiere repetir algo divertido o se sorprende porque la torre se ha caído.

«Más»«Dame»«¡Pum!»«Otra vez»«Ahora yo»

El lenguaje deja de ser algo que debe repetir porque se lo pedimos y adquiere una función: conseguir algo, compartir una experiencia o relacionarse con nosotros.

La investigación ha encontrado resultados positivos en intervenciones que enseñan a las familias estrategias para favorecer la comunicación durante actividades cotidianas.

No conviertas el juego en una clase. Conviértelo en una oportunidad para comunicarse.

Menos preguntas y más conversación

A veces, sin darnos cuenta, convertimos el juego en un pequeño examen:

—¿Qué es esto?
—¿De qué color es?
—¿Cómo hace el perro?
—Dilo.

Podemos probar algo diferente:

—¡Mira el dinosaurio!
—Está corriendo…
—¡PUM! Se cayó.
—Oh, oh…
—¿Otra vez?

Seguimos ofreciendo lenguaje, pero ahora estamos jugando y conversando. No se trata de hablar sin parar, sino de responder a lo que hace el niño y dejar espacio para que participe.

Jugar a «como si»

Una cuchara es un micrófono. Una caja es un coche. El muñeco tiene hambre. El dinosaurio se va a dormir.

En el juego simbólico, el niño representa situaciones que no están ocurriendo realmente. La investigación ha encontrado una relación entre este tipo de juego y el desarrollo del lenguaje, aunque eso no significa que uno sea necesariamente la causa del otro.

El juego no es una fórmula mágica, pero sí puede crear situaciones fantásticas para comunicarse.

Cinco formas de estimular el lenguaje mientras jugáis

1

Sigue su interés

Antes de pensar qué quieres enseñarle, observa qué le interesa. Si está fascinado con un dinosaurio, juega con ese dinosaurio: «Corre», «Es grande», «Tiene hambre», «¡Te persigue!».

Primero conecta con su interés. Después añade lenguaje.

2

Pon palabras a lo que ocurre

Utiliza frases breves relacionadas con lo que está viendo y haciendo: «El dinosaurio corre», «El coche va rápido», «El bebé duerme» o «¡Se cayó!».

No necesitas hablar constantemente. Unas pocas palabras, dichas en el momento adecuado, pueden resultar mucho más útiles.

3

Espera

Haz un comentario y espera unos segundos. Míralo y dale tiempo para responder.

Puede hacerlo con una palabra, pero también señalando, mirándote, haciendo un sonido o acercándote un juguete. La comunicación empieza mucho antes que las palabras.

4

Amplía lo que dice

Si dice «coche», puedes responder: «Sí, el coche corre». Si dice «bebé dormir», puedes contestar: «Sí, el bebé está durmiendo».

No hace falta pedirle que lo repita. Le ofrecemos un modelo un poco más completo y continuamos jugando.

5

Deja espacio para los turnos

El lenguaje es un intercambio: «Ahora tú», «Ahora yo», «¿Otra vez?», «¡Otra vez!».

Esperar, responder y volver a participar ayuda al niño a descubrir cómo funciona una conversación.

¿Necesita juguetes educativos?

Probablemente no. Coches, animales, muñecos, construcciones, una cocinita, plastilina o una simple caja pueden dar muchísimo juego.

No existe un juguete que, por sí mismo, haga que un niño desarrolle el lenguaje. Lo importante es lo que ocurre entre vosotros.

A veces, una caja de cartón genera más conversación que un juguete lleno de botones, luces y sonidos: ¿es una casa?, ¿un barco?, ¿un coche?, ¿quién entra?, ¿dónde vamos?

Ahí empieza el juego… y también la conversación.

Entonces, ¿jugar hace que los niños hablen?

La respuesta más rigurosa es: no necesariamente.

El juego no garantiza por sí solo un desarrollo adecuado del lenguaje ni sustituye una valoración profesional cuando existen dificultades.

Sin embargo, las interacciones cotidianas pueden convertirse en oportunidades para favorecer la comunicación, especialmente cuando el adulto sigue el interés del niño, responde a sus intentos comunicativos, amplía lo que dice, respeta los turnos y le ofrece tiempo para participar.

Y para hacerlo no necesitas añadir otra actividad a vuestra agenda. Puedes aprovechar el baño, la comida, el parque, el momento de vestirse o simplemente diez minutos jugando en el suelo.

El mejor juguete quizá no sea un juguete

Puede ser una caja, una cuchara, un cojín, un coche o un muñeco.

Y, sobre todo, alguien dispuesto a compartir el juego.

Cuando observamos, esperamos, escuchamos y respondemos, el juego puede convertirse en algo más que entretenimiento. Puede convertirse en una conversación.

La próxima vez que tu hijo te pregunte «¿jugamos?», recuerda que quizá también te esté invitando a hablar.

Referencias científicas

  1. Roberts, M. Y., Curtis, P. R., Sone, B. J., & Hampton, L. H. (2019). Association of Parent Training With Child Language Development: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA Pediatrics, 173(7), 671–680.
  2. Heidlage, J. K. et al. (2020). The effects of parent-implemented language interventions on child linguistic outcomes: A meta-analysis. Early Childhood Research Quarterly, 50, 6–23.
  3. Quinn, S., Donnelly, S., & Kidd, E. (2018). The relationship between symbolic play and language acquisition: A meta-analytic review. Developmental Review, 49, 121–135.
  4. Van Witteloostuijn, M. et al. (2025). Parental Input and Its Relationship With Language Outcomes in Children With (Suspected) Developmental Language Disorder: A Systematic Review. Journal of Speech, Language, and Hearing Research.

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración logopédica individualizada.